martes, 28 de septiembre de 2010

Oración por el derecho al aborto

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¡Oh, Virgencita de Guadalupe!
Concédenos el derecho a decidir sobre nuestro cuerpo y danos la gracia
de no ser ni vírgenes, ni madres, si no queremos.
Líbranos de la autoridad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo,
 para ser nosotras las que decidamos por nosotras mismas.
 Ruega porque los poderes del Estado no hagan suyos los mandatos
del Yunque-Pro-vida y las Iglesias todas.
Mas protégenos de la misógina opresión imperante.
Venga a nosotras el derecho a cuestionar si es bendito el fruto de nuestro vientre.
Y no nos dejes caer en la tentación, a NOSOTRAS LAS YA NACIDAS,
de abandonar la lucha por nuestra vida, nuestro gozo y nuestra dignidad.
Amén.


Circulo Autónomo Feminista


   La idea de esta estampita no ha sido mía. Es una readaptación de otras estampitas que fueron hechas en Buenos Aires por Mujeres Públicas hacia principios del 2002. Esta es una versión mexicana. Fueron repartidas en la calle durante el debate feroz que se dio en marzo de 2007, cuando finalmente se aprobó la legalización del aborto en el Distrito Federal . 
  Mujeres defensoras del aborto, al vernos con las estampitas, nos creían católicas pro-vida y se negaban a recibirlas hasta que, una se animó y circuló por distintos medios y se reprodujo en distintos lugares del país. 
¡Un saludo a las Mujeres Públicas!

lunes, 30 de agosto de 2010

31 de Agosto, Día Mundial de la Obstetricia


“La lucha política para los movimientos feminista y ecologista
implica un cambio epistemológico en los criterios de valoración
de la racionalidad del conocimiento.”

Vandana Shiva, “Abrazar la vida”, 1988

  El 31 de Agosto es el Día Internacional de la Obstetricia, ciencia que instituye la Academia después del sexocidio más terrible de la historia: la quema de “brujas”. Y me pregunté: ¿qué lo instituye? Allí comenzó mi urticaria... es el Día de San Ramón No-nato, santo patrono de las embarazadas.
El poder patriarcal de la Iglesia y la Academia (que lejos de ser antagónica como nos hicieron creer controlan diferentes esferas, la íntima y la del saber público) necesitaron asesinar a  millones de mujeres bajo la acusación de “brujería” para lograr el control efectivo de la sexualidad femenina, los partos y la maternidad.
  El patriarca dijo: “Parirás con dolor” y santificó a San Ramón No-Nato como patrono de las embarazadas. El bebé Ramón, fue sacado del vientre de su madre muerta con el cuchillo de caza de un vizconde que pasaba por allí. Tal vez por eso debería ser el patrono de las cesareas y no de las mujeres embarazadas...
 Desde la tradición feminista espiritual, centrada en la revalorización de las diosas, prefiero rescatar la historia de la diosa Artemisa, protectora de los bosques y la Naturaleza, y que, por haber ayudado a su propia madre a dar a luz a Apolo, su hermano gemelo,  es además la diosa protectora de las comadronas. La hierba que lleva su nombre ayuda al trabajo de parto, y acompaña distintos momentos de la sexualidad de las mujeres.
 Siendo el control de la sexualidad de las mujeres fundante del dominio masculino creo importante visibilizar la violencia obstétrica, como una violencia sexista, clasista y racista.
  Preguntar en voz alta ¿Por qué se practica de manera inconsulta y rutinaria la episiotomía sin consultar a la parturienta qué quiere hacer con su cuerpo? ¿Por qué se practican cesáreas innecesarias que enriquecen las arcas de los sanatorios a costa de nuestro maltrato físico?¿Por qué parir en una camilla cómoda para el médico pero incómoda para una? ¿Por qué no parir de cuclillas acompañando la Ley de gravedad?
¿Por qué se abusa de las peridurales y demás medicación química, y al mismo tiempo se condenan las prácticas populares que usamos las mujeres durante milenios? ¿Por qué se consumen las modas de EEUU, pero no se incorporan los efectivos aportes de la acupuntura, la fitoterapia y otros saberes como el manteo?

Decimos BASTA a:

• La practica de la episiotomía como rutina inconsulta a la embarazada.
• Las cesarias innecesarias que enriquecen las arcas de los sanatorios y las obras sociales a costa de nuestro cuerpo.
• Al abuso y el maltrato de “la-autoridad-medica” hacia las mujeres y sobretodo el desprecio hacia las mujeres pobres e inmigrantes.
• A parir acostadas en una camilla para comodidad del médico contra la ley de gravedad y a costa de un esfuerzo innecesario.
• Al abuso de la medicación química que fabrican los laboratorios multinacionales y el desprecio y la invalidación de la medicina tradicional americana, profundamente arraigada en la cultura de los pueblos originarios por “no-académica”.
• Al estigma que instaló el crisianismo quemando a brujas, comadronas y enfermeras*, ilegalizando y persiguiendo los saberes populares de las comadronas respecto de la sexualidad, el embarazo y el parto, como así también condenando a las mujeres que no se interesan en casarse o que eligen vivir su vida con otra u otras mujeres.
• A la ilegalidad del aborto que lleva a prácticas clandestinas humillantes y de un alto costo económico, psicológico y físico para las mujeres. Somos responsables de nuestras vidas y de las que engendramos y tenemos el derecho de decidir cómo vivirla.
• Ya basta de slogans culpógenos con los falaces discursos de la defensa a la vida:

NOSOTRAS, LAS YA NACIDAS,
DEFENDEMOS NUESTRO DERECHO A LA VIDA.

Porque:

• “NUESTRO CUERPO ES NUESTRO” y ya no queremos que decidan por nosotras. Tenemos derecho a parir de cuclillas, a un parto natural, con un clima amoroso. Es tiempo que las mujeres legitimemos el conocimiento de nuestro cuerpo, de aprender a escucharlo, y de priorizar lo que nos pide teniendo con la/el médico/a un diálogo de igual a igual, y no de humillación y sometimiento.

• Invitamos a las y los obstetras alópatas a que conozcan las muchas técnicas americanas y orientales como la fitoterapia, el manteo, la acupuntura, los masajes, las practicas de chi-kung y respiración aplicadas al parto dejando la química y la cirugía solo para momentos de verdadera gravedad. Ya es tiempo que depongan la soberbia académica, sus escasos cinco siglos y escuchen la sabiduría acumulada durante milenios por las culturas que el poder occidental, cristiano y patriarcal silenciaron con la cruz y la espada.

• ¡ABORTO DESPENALIZADO YA!
 Porque la clandestinidad solo favorece a los que usuran con nuestra angustia, la gran mayoría de médicos varones arreglados con la policía para “trabajar tranquilos”. Es mentira que la legalidad fomentaría más abortos. Nosotras creemos por el contrario que hablar de "eso" en voz alta es el primer paso para que circule más información sobre la sexualidad y la concepción, la difusión de cuidados, prevenciones de enfermedades y métodos anticonceptivos, como así otras practicas eróticas no necesariamente reproductivas.

Como dice un canto que hice mío:
Ella nos teje, somos su red,
somos las brujas, vivas otra vez...





* Es el nombre de un libroescrito por la periodista especializada en salud Barbara Ehrenreich y la investigadora Deindre Englis: “BRUJAS, COMADRONAS Y ENFERMERAS”, Cuadernos Inacabados, Valencia, España, 1988. En el exponen una crítica feminista al control de los cuerpos de las mujeres que inicia con la eliminación de las parteras, que eran las que a nivel popular manejaban el conocimiento sexual en los siglos previos a la masacre contra las acusadas de brujería. ¡Excelente material!


lunes, 5 de abril de 2010

La biotecnología desde una crítica mirada feminista

Este artículo intentó en su origen dar una visión feminista de la soberanía alimentaria. Pero al querer establecer el paralelo entre el control multinacional de la biodiversidad y el control de la capacidad creativa y regenerativa de las mujeres y las mujeres mismas, concluí que ya no se trataba de establecer paralelos, sino de entender hasta dónde el imaginario patriarcal se ha profundizado en el control de la vida. Decidí por ello indagar en las teorías que intentan dar cuenta de los inicios del patriarcado como sistema político-económico-social-espiritual-simbólico para desenmascarar la relación que existe entre el control de las mujeres por parte de los varones y las instituciones masculinas como el estado, iglesias, ejércitos y la visión reduccionista de las ciencias. Así, desde la Biblia, que en nombre de su Dios-Padre justifica la destrucción y el aniquilamiento de los cultos a la Diosa, así también las teorías neomalthusianas justifican la manipulación genética de semillas y animales, y la aniquilación de la tierra, y la privatización de los recursos en nombre del “desarrollo”.
 Los patriarcas de ayer y hoy coinciden en una cosa: rinden culto a la guerra y a la muerte. Frente a esto, muchas mujeres de ayer y de hoy hemos sabido y sabemos resistir a las guerras, regenerar la vida y conservar la diversidad de ecosistemas y de culturas, anónimas en una historia donde la cotidianidad queda eclipsada por el espectáculo de “los grandes acontecimientos”.


De cómo las mujeres perdimos soberanía
sobre nosotras mismas

  Existen estudios arqueológicos donde se trabaja la hipótesis que antes del octavo milenio AC existieron culturas cuyo orden social-económico-político-espiritual eran matrilineales y las mujeres no eran bienes de intercambio, ni esclavas, tenían el reconocimiento político y espiritual de su comunidad, y posiblemente el criterio de propiedad era aun colectivo. Como en Cätal Hüyuk y Hacilar en Anatolia, Jericó y la cultura Cretense-Minóica.
 Los mitos pre-patriarcales que anteceden al judeocristianismo y a los mitos griegos de la creación, referían a una Diosa-Madre creadora, dadora de vida y de muerte, administradora de Justicia y de abundancia, bajo diferentes nombres: Inaná , Ishtar, Tiamat, Astarté, Aditi, Cibeles, Chicomecoatl, Isis, Athor . Parece haber una estrecha relación entre las civilizaciones agricultoras y el culto de la Diosa situadas según J. Melaart y Marija Gimbutas en Europa y Asia menor fechadas desde el 10.000 AC hasta su declinación en 3500 AC, y toda una transformación y caída de estas Diosas a partir de civilizaciones pastoriles, nómadas, guerreras, y caracterizadas por apropiarse mediante el saqueo de todo cuanto se cruzara en su camino: los kurgos en Europa, los aqueos y dorios en Grecia, los hebreos en Canaán y los arios en India, fueron sometiendo a las comunidades agricultoras e imponiendo un nuevo “orden”, que ya no estaría centrado en la agricultura, sino en el saqueo.

La biblia es un testimonio sin desperdicios, de cómo la ideología patriarcal convoca a la violencia sobre la Naturaleza y las mujeres para alentar y sostener lo que fue el nuevo orden espiritual, donde la ley y la religión se unifican para perseguir y eliminar los símbolos y cultos a la Naturaleza, la Tierra y la capacidad regenerativa de la Vida, representado por la multiplicidad de diosas. 
  En Éxodo 34: 13, la ley llama a los israelíes al entrar en Canaán a “derribar a los altares y a quebrar estatuas y cortar las imágenes de Aserá”. Esto se vuelve a repetir, con el agregado de consumirlo con fuego en Deuteromonio 12: 3.

 La noción de la vida y la muerte, la conciencia de los ciclos y la circularidad del tiempo cambiaron de parámetros para reordenarse en una linealidad acumulativa donde la Naturaleza fue dejando de ser la generosa dadora de dones para ser una fuente de recursos a dominar. De igual modo con las mujeres, sobran ejemplos. En Números 31:9, se narra como las mujeres de los pueblos dominados pasaban junto con las bestias, el ganado y todos los bienes parte del saqueo, y mas adelante, se narra el enojo de Moisés por haber dejado con vida a todas las mujeres y la exhortación a matar a todos los varones y a toda mujer que hubiere conocido varón carnalmente, dejando con vida solo a las niñas. Este pasaje no puede ser mas claro para ejemplificar el proceso de saqueo, genocidio y esclavización. Los ritos que se realizaban con sangre menstrual simbolizando la ciclicidad de la vida, fueron reemplazados en sacrificios de animales vivos, por la sangre de la muerte, una muerte sin ciclos, una muerte del fin, sin retornos, aniquilante. Algunos ejemplos los encontramos en la Biblia respecto de la mujer menstruante, por ejemplo en el Levítico 15:19-33, donde describe como “inmundo” a todo cuanto toque a una mujer menstruante, a la cual parece considerar “enferma” porque habla de la purificación que debe hacerse con dos palomas por el sacerdote para ser purificada cuando “sane”.

 Igualmente con el parto, donde la mujer es inmunda por una semana si es varón o por dos si es mujer, necesitando , además, mas tiempo para purificarse. (Levítico 12:1-8 ) Según Riane Eisler, Marx y Engels señalan que “explícitamente” reconocieron la importancia critica de la opresión de las mujeres por los hombres, lo que Engels llamó “la opresión de primera clase” o “la histórica derrota mundial del sexo femenino” Pero sin embargo, será la teoría feminista la que establecezca la complejidad económica-política-religiosa-social que se crea con el control de la capacidad reproductiva de las mujeres por parte del colectivo y las instituciones creadas por varones (religiones, leyes, estado, matrimonio) en las sociedades patriarcales, estableciendo que el cuerpo de las mujeres y nuestra capacidad productiva y reproductiva son la primera propiedad privada de la historia, y la primera forma de esclavitud inspiradora de todas las formas que después se sucedieron, porque fue la esclavitud de la primer “diferente”. El primer “otro” es una “otra”.


“La violencia y el saqueo como instrumento de creación de riqueza
son esenciales al proceso de colonización de la naturaleza
 y de nuestros cuerpos a través de nuevas tecnologías”
Vandana Shiva , Biopiratería.


La Inquisición: castigo ejemplar para futuras generaciones


El menosprecio del parto, la condena a la mujer menstruante, la violación como “impulsos naturales del hombre”, el matrimonio decidido por el padre como dote, la esclavización de niñas para trabajos y servicios sexuales, la heterosexualidad monogámica como norma obligatoria para las mujeres... Controlar el cuerpo de las mujeres y borrarlas de la historia son claves en este nuevo orden patriarcal. Pero la supresión femenina no ha sido solo “borrar nombres” de la historia o reducir las obras femeninas a “creaciones populares anónimas”. En la Edad Media ha existido un punto de inflexión sobre el cual la violencia patriarcal de las Iglesias Católica y Protestante, de los Señores feudales y el naciente poder académico parecería pasar inadvertido en los libros de historia. Que de 9 millones de victimas acusadas de brujería el 96% sean mujeres no es un dato menor. Que podamos nombrar a Giordano Bruno y a Copérnico, o que se haya hecho tan famoso el proceso a Galileo Galilei, debería llevarnos a pensar porqué no es conocido el nombre de una sola mujer condenada por la Inquisición si un porcentaje tan desproporcionado de víctimas han sido mujeres.
 ¿Quién ha escuchado hablar de Jacoba Pelicier, procesada en 1322 por ejercicio ilegal de la medicina, fue juzgada en París, no por incompetencia, sino por curar y hacer análisis de orina con la osadía de ser mujer? ¿O de Agnes Simpson, que en Inglaterra, fue quemada en la hoguera en 1591 por haber intentado aliviar dolores de parto con opio y láudano.? ¿ Y de Mme Blanchard? Esta mujer comadrona, en Rouen, Francia, 1772, fue acusada por el mismo médico a quien ella había instruido en el abc obstétrico “de llevar adelante prácticas para las que no estaba preparada”, padeció un juicio que duro siete años, hasta demostrar que ella había asumido responsablemente un caso que el médico acusador había negligentemente abandonado. Tal vez hayamos escuchado hablar de Margareth Jones, que fue en EEUU la primera mujer ejecutada por brujería, y la causa clara de su condena es que hacía la competencia a los médicos de Massachussets con su habilidad y conocimiento de plantas. Mas ignota será entonces Tituba, una esclava negra que en EEUU, también fue juzgada por brujería y que fue sacada de la cárcel para ser vendida. Mujeres campesinas la mayoría, cuya cotidianidad estaba ligada a su comunidad, sanando, asistiendo partos, cosechando hierbas, investigando, observando.

 Mujeres con una espiritualidad ligadas a la tierra, indomables frente a las creencias del cristianismo. Mujeres libres, amantes libres. Mujeres dueñas de su sexualidad y cuya identidad no se la daba un varón. Mujeres que jamás comprarían indulgencias... En fin, mujeres fieles a sí mismas. Lesbianas, solteras o viudas, su cotidianidad era un misterio para los hombres. “Brujas, comadronas y enfermeras” aporta elementos para repensar el proceso inquisitorio desde una compresión histórica que nos explica el presente:“(...) Tanto geográfica como cronológicamente la persecución más encarnizada de las brujas coincide con períodos de gran agitación social, que conmovieron los cimientos del feudalismo: insurrecciones campesinas de masas, conspiraciones populares, nacimiento del capitalismo y aparición del protestantismo. Indicios fragmentarios sugieren que en algunas regiones, la brujería fue la expresión de una rebelión campesina encabezada por mujeres”.

 No sería extraño pensar que estas mujeres que gozaban de la confianza de su comunidad por ser quienes les brindaban sus saberes sanitarios, y me atrevo a decir espirituales también, fueran capaces de ser articuladoras de resistencias. Enfrentaron seguramente la violencia y la explotación de los señores feudales, como la exigencia eclesiástica del cobro del diezmo y las bulas que les prohibían celebrar sus rituales paganos ligados a la tierra y la fecundidad.

 Y finalmente, se volvieron también un desafío para la incipiente Academia Medica, que veía en ellas sanadoras popularmente reconocidas y aceptadas, y que se tornaban una verdadera competencia. Prosigue: “¿Quiénes fueron las brujas y qué horribles “delitos” cometieron para provocar una reacción tan violenta de las clases dominantes? Sin duda, durante los varios siglos que duró la caza de brujas, la acusación de “brujería” abarcó un sinfín de delitos, desde la subversión política y la herejía religiosa hasta la inmoralidad y la blasfemia. Pero existen tres acusaciones principales que se repiten a lo largo de todo el norte de Europa. Ante todo, se las acusaba de todos los crímenes sexuales concebibles en contra de los hombres. 

Lisa y llanamente sobre ellas pesaba la “acusación” de poseer una sexualidad femenina. 
En segundo lugar, se las acusaba de estar organizadas. 
La tercera acusación era que tenían poderes mágicos sobre la salud, que podían provocar el mal, pero también que tenían capacidad de curar. A menudo se las acusaban de poseer conocimientos médicos y ginecológicos.”

 Si pudiéramos realmente dimensionar lo que significo la Inquisición y la quema de brujas no solo como señal de la barbarie patriarcal sino como advertencia futura de castigo ejemplar a quienes osaran resistir, quizás sería mas fácil entender nuestro presente, y pensar que nuestro pasado ha sido mucho mas complejo, mucho menos lineal que lo que la historia cuenta.

 En los últimos siglos, la sexualidad de las mujeres ha estado en manos de curas, médicos y científicos, no solo en lo referido a la menstruación, el embarazo y el parto, patologizándolos, sino también con una cultura donde el matrimonio y la norma heterosexual se instalaron como condicionantes del ser y el destino de la existencia de las mujeres. Citando nuevamente a Vandana Shiva: “Al igual que ocurre con la regeneración vegetal en la agricultura, donde las tecnologías de la Revolución Verde están siendo desplazadas por la biotecnología, en el campo de la reproducción humana se está dando una evolución pareja. Con la introducción de nuevas tecnologías reproductivas, se acentuará el proceso de traslado del conocimiento y de la cualificación de la madre al doctor o doctora, y de la mujer al hombre.”

“Queremos pan, pero también queremos rosas...”

 En el actual modelo neoliberal se ha producido un éxodo masivo de las poblaciones rurales hacia las ciudades, y de los países del tercer mundo hacia EEUU y Europa, arrojando a miles de personas a una pobreza desconocida, agigantada por el desarraigo y la pérdida no solo de su tierra, sino también de su identidad.

 Así, la poca población que sigue luchando en los pequeños pueblos, queda indefensa frente a la violencia que ha instalado la policía y los patriarcas terratenientes venidos a menos, que descargan su temor de perder lo poco que les queda con una saña inusitada.

 La pobreza y el maltrato para quien se queda y para quien se va, arroja a condiciones desesperantes a la gente de la tierra. Y aquí, quiero señalar particularmente, la violencia que se ejerce sobre las mujeres, que son las que menos acceso tienen a la educación, y que desde muy pequeñas ya acarrean con hijos e hijas propias, y con un profundo sentido de supervivencia, muchas veces amadrinando criaturas cercanas. Son ellas también las primeras y mas expuestas víctimas del tráfico de mujeres, a la violencia marital, las violaciones incestuosas que quedan impunemente silenciadas por años.

 La resistencia al patriarcado, al imperio, a la esclavitud, a la lógica de las guerras, al hambre, a la institución y el control de la espiritualidad, a la norma heterosexual como única posible, son tan antiguas como lo que el dominio masculino ha llamado “historia”, mientras desconoce 40.000 años de “prehistoria” de otras formas de organizar el tiempo y el espacio, otros modos de relación, tiempo en donde se perfeccionaron distintas tecnologías, se creo el lenguaje y la comunicación.

 Quizás, pasado y futuro se mimeticen al querer justificar nuestras utopías de sociedad con un pasado sobre el cual aun hay mas hipótesis que certezas. Hoy, el decreto bíblico de "Dominar la Naturaleza” trasciende con la biotecnología los límites de la realidad para confundirse con la ciencia ficción. ¿Por qué sorprendernos que quienes se sientan a planificar la sigilosa ligadura de trompas practicada de manera arbitraria e inconsulta a mujeres indígenas de América y África, o silencien las ablaciones de clítoris aludiendo que son “tradiciones propias de cada cultura” sean los mismos que pregonan su cruzada a favor de la vida argumentando que una mujer que decide interrumpir su embarazo es una “asesina”?

 La teoría maltusiana y la neomathusiana que pregonan los defensores de la biotecnología, merecen ser cuestionadas con énfasis desde las mujeres, ya que la producción de alimentos y la superpoblación de personas en el planeta son dos temas que a las mujeres nos tocan muy de cerca. La biotecnología se presenta a si misma como capaz de dar respuesta al problema del hambre, y se pretende “creadora” y dueña de la vida, como milenios atrás, se pretendió el Dios-Padre de Moisés. Hoy como ayer, el paradigma dicotómico y hegemónico del pensamiento patriarcal, tanto de los espirituales como de los científicos, resulta ser fundante de las guerras, las persecuciones y la devastación ecológica y cultural de las diversidades, de los recursos naturales y las creaciones humanas.

 Al arrasar Moisés con el culto a lo Sagrado Femenino, a Astarté, Ishtar y Lilith, eliminó del mundo simbólico la celebración del principio regenerador, e instituyó en cambio el culto a un Dios-Padre controlador, ávido de guerras, destrucción y omnipotencia, y que, intolerante, instó a sus seguidores a destruir los templos de otras divinidades, saquear y esclavizar a los pueblos vecinos, y controlar a las mujeres de su propia comunidad.

 De igual modo la biotecnología, erigida divinidad omnipotente capaz de manipular la vida, se postula salvadora contra el hambre del mundo, encubriendo tras un noble propósito, la voracidad del saqueo globalizador, la falta de visión y la desmesura.

Como ha dicho Claudia von Welhof
 “A los ojos del patriarcado capitalista, las semillas y los cuerpos de las mujeres, fuente de energía regenerativa, son una de las últimas colonias.”

Por la agricultura orgánica, la identidad regional, la soberanía alimentaria, sobre el agua y territorial, la despenalización del aborto y la soberanía de las mujeres sobre nuestros propios cuerpos y vidas, la devolución de las tierras usurpadas a las comunidades indígenas, el fortalecimiento del intercambio regional, el dialogo de movimientos campesinos con movimientos sociales urbanos. Por el retorno de la Diosa, el respeto y el agradecimiento a las fuerzas vivas de la Naturaleza, por la visibilidad de las múltiples formas de amor, de expresión, de lenguajes y culturas...

¡Que la magia vuelva al mundo!


Miriam Libertad Djeordjian

Buenos Aires, Febrero de 2004

8 de Marzo: Para no borrar nuestra historia

 
  Uno de los grandes triunfos del sistema, ha sido borrar la historia que se teje en el trabajo cotidiano. En cambio, se exaltan las épicas de héroes con protagonistas de primer plano, sin contexto, sin historia, sin procesos políticos. 

¿Qué hemos escuchado del 8 de marzo?  Para empezar, que es el “Día de la mujer”. Por esto, muchos llegarán con flores y una tarjeta de felicitación para “ellas”, sin saber siquiera qué se conmemora. Otros, con un poco más de inquietud, sabrán que en algo tienen que ver las socialistas, una tal Clara Zetkin que lo propuso. Con un poco más de suerte, sabremos que fue en el marco de una Conferencia de Mujeres Socialistas realizada en Copenhague. Se menciona por allí algo de un incendio, en una fábrica llamada Cotton, donde mueren quemadas más de 100 obreras. Y en casos de silencio intencional, algunas voces institucionales dirán, sin pudor, que lo instituyó Naciones Unidas en 1975, sin hacer ninguna cita previa. 

  En una tarea de compromiso histórico, varias investigadoras han buscado echar luz sobre ciertos mitos existentes en torno a este día. Entre ellas, Ana Isabel Álvarez González quien asegura que “no fue instituido puntualmente”, sino que “una sucesión de procesos colectivos” fueron creando el sentido de conmemorar la lucha de las mujeres trabajadoras. Y digo trabajadoras porque fue en su genealogía una propuesta clasista, ligada a las reivindicaciones laborales que en el inicio de siglo XX conformaron el punto de partida de las huelgas obreras.

  Primer antecedente: en Febrero de 1908, mujeres socialistas celebran en un teatro de Chicago el Womans Day, reivindicando el “derecho al voto” y manifestándose “contra la esclavitud sexual”. Para agosto de 1910, y con el antecedente en Masachusset de una huelga textil exclusiva de mujeres, Lena Morrow Lewis y May Wood Simons llevan a la 2° Conferencia Mundial de Mujeres Socialistas realizada en Dinamarca, la propuesta de conmemorar, como en Estados Unidos, un Womens Day. Resignificada con un nombre más clasista, se acepta conmemorar un Día Internacional de la Mujer Trabajadora, propuesta que se le atribuye a Clara Zetkin. Sin un día fijo, mantienen las norteamericanas el último domingo de Febrero, y las europeas fijan un día de marzo. Dos días antes de su primer celebración en 1911, un fatídico incendio en la Triangle Shirtwaist Company, acabó con la vida de 146 obreras que trabajaban encerradas bajo llave para que no se movieran de sus puestos de trabajo, tal cual como hoy sigue haciendo Wall-Mart Stores Incorporated en muchos de sus almacenes durante los turnos de la noche. Este hecho, exaltó los motivos de la lucha sindical determinando que en la celebración de 1911 más de un millón de mujeres trabajadoras se sumaran a las movilizaciones. 

   Posteriormente, fue el repudio a la primera Guerra Mundial y la solidaridad internacionalista de las mujeres contra todo nacionalismo, mucho más que la lucha por el voto, la convocatoria principal de las celebraciones del día. En Rusia, el gobierno zarista reprime en 1913 la movilización por el Día de las Obreras, deportando a Siberia a sus organizadoras. Años más tarde, el paro masivo de mujeres en San Petesburgo cambiaría la historia: pedían pan y exigían el regreso de las tropas rusas que llevaban ya 2 millones de muertos. Inició así el 8 de marzo de 1917 (23 de Febrero del calendario juliano) una movilización a la que se unirán trabajadores y estudiantes, determinando 4 días después la abdicación del zar, y dando paso a un gobierno provisional que será finalmente derrocado en octubre con la toma del Palacio de Invierno. Este fue, en definitiva, el hecho historico dentro de la sucesion de hechos, que instituyó el 8 de Marzo como día de conmemoración, sintetizando asi el Womens Day de 1908, la lucha por el vota, contra la explotación sexual, la reivindicacion clasista apoyada en Copenagüe en 1910, el luto por la muerte de las obreras de la Triangle Shirtwaist Company en 1911 y la sumatoria del no-a-la-guerra y el basta a la monarquia zarista de 1917 en Rusia.

   Borrar los procesos sociales, es la mejor forma de negar la historia. Hace dos años, fue demolida la Casa de la Juventud en Copenhague, la misma que a principio de siglo alojó a sindicatos y organizaciones sociales. Sí. Fue demolido el mismo edificio donde se instituyó un Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Y por esas ironías de la macrocultura patriarcal, es ahora dueña del predio una secta cristiana llamada “La casa del Padre”. 
  Ni Naciones Unidas, ni gobiernos instituyeron el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Como todas las conquistas de las mujeres, este Día es fruto de la perseverancia por cambiar el orden dominante, convencidas que, lo que hoy es utopía con la lucha será en  algun momento realidad. Asi sucedió con el acceso a la educaci[on, al voto, con el acceso a la propiedad y la herencia, el divorcio, la interrupcion voluntaria del embarazo...

 Nosotras, desde el Círculo, como cantaron las trabajadoras textiles de Massachussets durante su huelga: “Queremos compartir toda la belleza: ¡Pan y rosas, pan y rosas!”

Miriam Libertad Djeordjian
Círculo Autónomo Feminista
México-Tenochtitlan 
Marzo de 2008

Fuentes Consultadas