lunes, 5 de abril de 2010

La biotecnología desde una crítica mirada feminista

Este artículo intentó en su origen dar una visión feminista de la soberanía alimentaria. Pero al querer establecer el paralelo entre el control multinacional de la biodiversidad y el control de la capacidad creativa y regenerativa de las mujeres y las mujeres mismas, concluí que ya no se trataba de establecer paralelos, sino de entender hasta dónde el imaginario patriarcal se ha profundizado en el control de la vida. Decidí por ello indagar en las teorías que intentan dar cuenta de los inicios del patriarcado como sistema político-económico-social-espiritual-simbólico para desenmascarar la relación que existe entre el control de las mujeres por parte de los varones y las instituciones masculinas como el estado, iglesias, ejércitos y la visión reduccionista de las ciencias. Así, desde la Biblia, que en nombre de su Dios-Padre justifica la destrucción y el aniquilamiento de los cultos a la Diosa, así también las teorías neomalthusianas justifican la manipulación genética de semillas y animales, y la aniquilación de la tierra, y la privatización de los recursos en nombre del “desarrollo”.
 Los patriarcas de ayer y hoy coinciden en una cosa: rinden culto a la guerra y a la muerte. Frente a esto, muchas mujeres de ayer y de hoy hemos sabido y sabemos resistir a las guerras, regenerar la vida y conservar la diversidad de ecosistemas y de culturas, anónimas en una historia donde la cotidianidad queda eclipsada por el espectáculo de “los grandes acontecimientos”.


De cómo las mujeres perdimos soberanía
sobre nosotras mismas

  Existen estudios arqueológicos donde se trabaja la hipótesis que antes del octavo milenio AC existieron culturas cuyo orden social-económico-político-espiritual eran matrilineales y las mujeres no eran bienes de intercambio, ni esclavas, tenían el reconocimiento político y espiritual de su comunidad, y posiblemente el criterio de propiedad era aun colectivo. Como en Cätal Hüyuk y Hacilar en Anatolia, Jericó y la cultura Cretense-Minóica.
 Los mitos pre-patriarcales que anteceden al judeocristianismo y a los mitos griegos de la creación, referían a una Diosa-Madre creadora, dadora de vida y de muerte, administradora de Justicia y de abundancia, bajo diferentes nombres: Inaná , Ishtar, Tiamat, Astarté, Aditi, Cibeles, Chicomecoatl, Isis, Athor . Parece haber una estrecha relación entre las civilizaciones agricultoras y el culto de la Diosa situadas según J. Melaart y Marija Gimbutas en Europa y Asia menor fechadas desde el 10.000 AC hasta su declinación en 3500 AC, y toda una transformación y caída de estas Diosas a partir de civilizaciones pastoriles, nómadas, guerreras, y caracterizadas por apropiarse mediante el saqueo de todo cuanto se cruzara en su camino: los kurgos en Europa, los aqueos y dorios en Grecia, los hebreos en Canaán y los arios en India, fueron sometiendo a las comunidades agricultoras e imponiendo un nuevo “orden”, que ya no estaría centrado en la agricultura, sino en el saqueo.

La biblia es un testimonio sin desperdicios, de cómo la ideología patriarcal convoca a la violencia sobre la Naturaleza y las mujeres para alentar y sostener lo que fue el nuevo orden espiritual, donde la ley y la religión se unifican para perseguir y eliminar los símbolos y cultos a la Naturaleza, la Tierra y la capacidad regenerativa de la Vida, representado por la multiplicidad de diosas. 
  En Éxodo 34: 13, la ley llama a los israelíes al entrar en Canaán a “derribar a los altares y a quebrar estatuas y cortar las imágenes de Aserá”. Esto se vuelve a repetir, con el agregado de consumirlo con fuego en Deuteromonio 12: 3.

 La noción de la vida y la muerte, la conciencia de los ciclos y la circularidad del tiempo cambiaron de parámetros para reordenarse en una linealidad acumulativa donde la Naturaleza fue dejando de ser la generosa dadora de dones para ser una fuente de recursos a dominar. De igual modo con las mujeres, sobran ejemplos. En Números 31:9, se narra como las mujeres de los pueblos dominados pasaban junto con las bestias, el ganado y todos los bienes parte del saqueo, y mas adelante, se narra el enojo de Moisés por haber dejado con vida a todas las mujeres y la exhortación a matar a todos los varones y a toda mujer que hubiere conocido varón carnalmente, dejando con vida solo a las niñas. Este pasaje no puede ser mas claro para ejemplificar el proceso de saqueo, genocidio y esclavización. Los ritos que se realizaban con sangre menstrual simbolizando la ciclicidad de la vida, fueron reemplazados en sacrificios de animales vivos, por la sangre de la muerte, una muerte sin ciclos, una muerte del fin, sin retornos, aniquilante. Algunos ejemplos los encontramos en la Biblia respecto de la mujer menstruante, por ejemplo en el Levítico 15:19-33, donde describe como “inmundo” a todo cuanto toque a una mujer menstruante, a la cual parece considerar “enferma” porque habla de la purificación que debe hacerse con dos palomas por el sacerdote para ser purificada cuando “sane”.

 Igualmente con el parto, donde la mujer es inmunda por una semana si es varón o por dos si es mujer, necesitando , además, mas tiempo para purificarse. (Levítico 12:1-8 ) Según Riane Eisler, Marx y Engels señalan que “explícitamente” reconocieron la importancia critica de la opresión de las mujeres por los hombres, lo que Engels llamó “la opresión de primera clase” o “la histórica derrota mundial del sexo femenino” Pero sin embargo, será la teoría feminista la que establecezca la complejidad económica-política-religiosa-social que se crea con el control de la capacidad reproductiva de las mujeres por parte del colectivo y las instituciones creadas por varones (religiones, leyes, estado, matrimonio) en las sociedades patriarcales, estableciendo que el cuerpo de las mujeres y nuestra capacidad productiva y reproductiva son la primera propiedad privada de la historia, y la primera forma de esclavitud inspiradora de todas las formas que después se sucedieron, porque fue la esclavitud de la primer “diferente”. El primer “otro” es una “otra”.


“La violencia y el saqueo como instrumento de creación de riqueza
son esenciales al proceso de colonización de la naturaleza
 y de nuestros cuerpos a través de nuevas tecnologías”
Vandana Shiva , Biopiratería.


La Inquisición: castigo ejemplar para futuras generaciones


El menosprecio del parto, la condena a la mujer menstruante, la violación como “impulsos naturales del hombre”, el matrimonio decidido por el padre como dote, la esclavización de niñas para trabajos y servicios sexuales, la heterosexualidad monogámica como norma obligatoria para las mujeres... Controlar el cuerpo de las mujeres y borrarlas de la historia son claves en este nuevo orden patriarcal. Pero la supresión femenina no ha sido solo “borrar nombres” de la historia o reducir las obras femeninas a “creaciones populares anónimas”. En la Edad Media ha existido un punto de inflexión sobre el cual la violencia patriarcal de las Iglesias Católica y Protestante, de los Señores feudales y el naciente poder académico parecería pasar inadvertido en los libros de historia. Que de 9 millones de victimas acusadas de brujería el 96% sean mujeres no es un dato menor. Que podamos nombrar a Giordano Bruno y a Copérnico, o que se haya hecho tan famoso el proceso a Galileo Galilei, debería llevarnos a pensar porqué no es conocido el nombre de una sola mujer condenada por la Inquisición si un porcentaje tan desproporcionado de víctimas han sido mujeres.
 ¿Quién ha escuchado hablar de Jacoba Pelicier, procesada en 1322 por ejercicio ilegal de la medicina, fue juzgada en París, no por incompetencia, sino por curar y hacer análisis de orina con la osadía de ser mujer? ¿O de Agnes Simpson, que en Inglaterra, fue quemada en la hoguera en 1591 por haber intentado aliviar dolores de parto con opio y láudano.? ¿ Y de Mme Blanchard? Esta mujer comadrona, en Rouen, Francia, 1772, fue acusada por el mismo médico a quien ella había instruido en el abc obstétrico “de llevar adelante prácticas para las que no estaba preparada”, padeció un juicio que duro siete años, hasta demostrar que ella había asumido responsablemente un caso que el médico acusador había negligentemente abandonado. Tal vez hayamos escuchado hablar de Margareth Jones, que fue en EEUU la primera mujer ejecutada por brujería, y la causa clara de su condena es que hacía la competencia a los médicos de Massachussets con su habilidad y conocimiento de plantas. Mas ignota será entonces Tituba, una esclava negra que en EEUU, también fue juzgada por brujería y que fue sacada de la cárcel para ser vendida. Mujeres campesinas la mayoría, cuya cotidianidad estaba ligada a su comunidad, sanando, asistiendo partos, cosechando hierbas, investigando, observando.

 Mujeres con una espiritualidad ligadas a la tierra, indomables frente a las creencias del cristianismo. Mujeres libres, amantes libres. Mujeres dueñas de su sexualidad y cuya identidad no se la daba un varón. Mujeres que jamás comprarían indulgencias... En fin, mujeres fieles a sí mismas. Lesbianas, solteras o viudas, su cotidianidad era un misterio para los hombres. “Brujas, comadronas y enfermeras” aporta elementos para repensar el proceso inquisitorio desde una compresión histórica que nos explica el presente:“(...) Tanto geográfica como cronológicamente la persecución más encarnizada de las brujas coincide con períodos de gran agitación social, que conmovieron los cimientos del feudalismo: insurrecciones campesinas de masas, conspiraciones populares, nacimiento del capitalismo y aparición del protestantismo. Indicios fragmentarios sugieren que en algunas regiones, la brujería fue la expresión de una rebelión campesina encabezada por mujeres”.

 No sería extraño pensar que estas mujeres que gozaban de la confianza de su comunidad por ser quienes les brindaban sus saberes sanitarios, y me atrevo a decir espirituales también, fueran capaces de ser articuladoras de resistencias. Enfrentaron seguramente la violencia y la explotación de los señores feudales, como la exigencia eclesiástica del cobro del diezmo y las bulas que les prohibían celebrar sus rituales paganos ligados a la tierra y la fecundidad.

 Y finalmente, se volvieron también un desafío para la incipiente Academia Medica, que veía en ellas sanadoras popularmente reconocidas y aceptadas, y que se tornaban una verdadera competencia. Prosigue: “¿Quiénes fueron las brujas y qué horribles “delitos” cometieron para provocar una reacción tan violenta de las clases dominantes? Sin duda, durante los varios siglos que duró la caza de brujas, la acusación de “brujería” abarcó un sinfín de delitos, desde la subversión política y la herejía religiosa hasta la inmoralidad y la blasfemia. Pero existen tres acusaciones principales que se repiten a lo largo de todo el norte de Europa. Ante todo, se las acusaba de todos los crímenes sexuales concebibles en contra de los hombres. 

Lisa y llanamente sobre ellas pesaba la “acusación” de poseer una sexualidad femenina. 
En segundo lugar, se las acusaba de estar organizadas. 
La tercera acusación era que tenían poderes mágicos sobre la salud, que podían provocar el mal, pero también que tenían capacidad de curar. A menudo se las acusaban de poseer conocimientos médicos y ginecológicos.”

 Si pudiéramos realmente dimensionar lo que significo la Inquisición y la quema de brujas no solo como señal de la barbarie patriarcal sino como advertencia futura de castigo ejemplar a quienes osaran resistir, quizás sería mas fácil entender nuestro presente, y pensar que nuestro pasado ha sido mucho mas complejo, mucho menos lineal que lo que la historia cuenta.

 En los últimos siglos, la sexualidad de las mujeres ha estado en manos de curas, médicos y científicos, no solo en lo referido a la menstruación, el embarazo y el parto, patologizándolos, sino también con una cultura donde el matrimonio y la norma heterosexual se instalaron como condicionantes del ser y el destino de la existencia de las mujeres. Citando nuevamente a Vandana Shiva: “Al igual que ocurre con la regeneración vegetal en la agricultura, donde las tecnologías de la Revolución Verde están siendo desplazadas por la biotecnología, en el campo de la reproducción humana se está dando una evolución pareja. Con la introducción de nuevas tecnologías reproductivas, se acentuará el proceso de traslado del conocimiento y de la cualificación de la madre al doctor o doctora, y de la mujer al hombre.”

“Queremos pan, pero también queremos rosas...”

 En el actual modelo neoliberal se ha producido un éxodo masivo de las poblaciones rurales hacia las ciudades, y de los países del tercer mundo hacia EEUU y Europa, arrojando a miles de personas a una pobreza desconocida, agigantada por el desarraigo y la pérdida no solo de su tierra, sino también de su identidad.

 Así, la poca población que sigue luchando en los pequeños pueblos, queda indefensa frente a la violencia que ha instalado la policía y los patriarcas terratenientes venidos a menos, que descargan su temor de perder lo poco que les queda con una saña inusitada.

 La pobreza y el maltrato para quien se queda y para quien se va, arroja a condiciones desesperantes a la gente de la tierra. Y aquí, quiero señalar particularmente, la violencia que se ejerce sobre las mujeres, que son las que menos acceso tienen a la educación, y que desde muy pequeñas ya acarrean con hijos e hijas propias, y con un profundo sentido de supervivencia, muchas veces amadrinando criaturas cercanas. Son ellas también las primeras y mas expuestas víctimas del tráfico de mujeres, a la violencia marital, las violaciones incestuosas que quedan impunemente silenciadas por años.

 La resistencia al patriarcado, al imperio, a la esclavitud, a la lógica de las guerras, al hambre, a la institución y el control de la espiritualidad, a la norma heterosexual como única posible, son tan antiguas como lo que el dominio masculino ha llamado “historia”, mientras desconoce 40.000 años de “prehistoria” de otras formas de organizar el tiempo y el espacio, otros modos de relación, tiempo en donde se perfeccionaron distintas tecnologías, se creo el lenguaje y la comunicación.

 Quizás, pasado y futuro se mimeticen al querer justificar nuestras utopías de sociedad con un pasado sobre el cual aun hay mas hipótesis que certezas. Hoy, el decreto bíblico de "Dominar la Naturaleza” trasciende con la biotecnología los límites de la realidad para confundirse con la ciencia ficción. ¿Por qué sorprendernos que quienes se sientan a planificar la sigilosa ligadura de trompas practicada de manera arbitraria e inconsulta a mujeres indígenas de América y África, o silencien las ablaciones de clítoris aludiendo que son “tradiciones propias de cada cultura” sean los mismos que pregonan su cruzada a favor de la vida argumentando que una mujer que decide interrumpir su embarazo es una “asesina”?

 La teoría maltusiana y la neomathusiana que pregonan los defensores de la biotecnología, merecen ser cuestionadas con énfasis desde las mujeres, ya que la producción de alimentos y la superpoblación de personas en el planeta son dos temas que a las mujeres nos tocan muy de cerca. La biotecnología se presenta a si misma como capaz de dar respuesta al problema del hambre, y se pretende “creadora” y dueña de la vida, como milenios atrás, se pretendió el Dios-Padre de Moisés. Hoy como ayer, el paradigma dicotómico y hegemónico del pensamiento patriarcal, tanto de los espirituales como de los científicos, resulta ser fundante de las guerras, las persecuciones y la devastación ecológica y cultural de las diversidades, de los recursos naturales y las creaciones humanas.

 Al arrasar Moisés con el culto a lo Sagrado Femenino, a Astarté, Ishtar y Lilith, eliminó del mundo simbólico la celebración del principio regenerador, e instituyó en cambio el culto a un Dios-Padre controlador, ávido de guerras, destrucción y omnipotencia, y que, intolerante, instó a sus seguidores a destruir los templos de otras divinidades, saquear y esclavizar a los pueblos vecinos, y controlar a las mujeres de su propia comunidad.

 De igual modo la biotecnología, erigida divinidad omnipotente capaz de manipular la vida, se postula salvadora contra el hambre del mundo, encubriendo tras un noble propósito, la voracidad del saqueo globalizador, la falta de visión y la desmesura.

Como ha dicho Claudia von Welhof
 “A los ojos del patriarcado capitalista, las semillas y los cuerpos de las mujeres, fuente de energía regenerativa, son una de las últimas colonias.”

Por la agricultura orgánica, la identidad regional, la soberanía alimentaria, sobre el agua y territorial, la despenalización del aborto y la soberanía de las mujeres sobre nuestros propios cuerpos y vidas, la devolución de las tierras usurpadas a las comunidades indígenas, el fortalecimiento del intercambio regional, el dialogo de movimientos campesinos con movimientos sociales urbanos. Por el retorno de la Diosa, el respeto y el agradecimiento a las fuerzas vivas de la Naturaleza, por la visibilidad de las múltiples formas de amor, de expresión, de lenguajes y culturas...

¡Que la magia vuelva al mundo!


Miriam Libertad Djeordjian

Buenos Aires, Febrero de 2004

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