martes, 8 de noviembre de 2016

Camila O'Gorman y una reflexion sobre la doble moral de los Pro vida


La doble moral del patriarcado defendiendo la pena de muerte y satanizando el derecho de las mujeres a abortar



Cuando hace unos años en la Argentina se hechó a correr la posibilidad de sancionar por decreto la pena de muerte, me resultó curiosa la coincidencia de que estuvieran fervorosamente a favor , y con argumentaciones casi nazis, los mismos conservadores que si hablamos de aborto, argumentan muy cristianamente que es un horrendo y cruel asesinato de una vida inocente.

Con el tiempo y la precisa mirada del feminismo, entendí que esto que parecía una contradicción no era más que una permanente característica del poder de los patriarcas y se llama DOBLE MORAL.

El 18 de agosto de 1848 fueron fusilados Camila O’Gorman y Uladislao Gutiérrez por orden de Juan Manuel de Rosas. Y creo oportuno recordar aquella lejana historia porque la doble moral de los patriarcas de antaño sigue vigente hoy como ayer.

En el mes de Enero de 1848 / El cura de la Parroquia de Nuestra Señora del Socorro de esta ciudad Presbítero [don] Uladislao Gutiérrez se desapareció abandonando el Curato y llevándose una niña [llamada doña] Camila O’Gorman hija de una familia de las mui desentes de esta Capital. / Sabido por el Gobernador pasó circulares á todos los gobiernos y demás autoridades de las Provincias, con las filiaciones de ambos prófugos, tratándolos de reos criminales, para que en donde fuesen conosidos los prendieran y remitieran asegurados á esta Ciudad / efectivamente en el Pueblo de Goya juridicción de Corrientes, fueron conocidos por el Juez de Paz, [quien] dio cuenta á su [Gobierno] de tenerlos asegurados; cuyo [Gobernador] los remitió presos á esta Capital. / El 16 de Agosto llegaron á esta Ciudad, donde quedaron presos en el Campamento de los Santos Lugares; [pero] sin mas trámites de justicia el 18 del mismo Agosto á las 10 del día fueron fusilados los dos de [orden] del Gobernador / El clérigo, hijo de la Ciudad de Tucumán fue fusilado en un banquillo; la niña en una silla de brazos en que fue conducida. / El clérigo su edad de 24 años, y ella de 20, siendo esta niña á mas de su tierna edad, mui hermosa de cara y de cuerpo, mui blanca y graciosa, de habilidad pues tocaba el piano [perfectamente] y cantaba, que embelesaba á los que la oyan, haviendo causado una sorpresa y [sentimiento] general á todos los havitantes de esta Ciudad estas muertes, por un delito, que no creen mereciera perder la vida, sino una reclusión por algún tiempo, para que purgasen el escándalo que havían dado por solo una pasión de Amor, que no ofendían á nadies sino asi propios; siendo lo mas sensible que estaba embarasada de ocho meses, se lo dijeron al Gobernador; [pero] este señor, sin reparar la inosente criatura que estaba en el bientre, sin esperar á que la madre pariese la mandó fusilar; caso nunca sucedido igual en Buenos Ayres, de manera que por matar á dos murieron tres. / El clérigo salio al cadalso asi muerto, ó muerto según dicen los que lo presenciaron; [pero] la niña con valor estraordinario, en que se manifestó muriendo como una heroína”. Juan Manuel Beruti, Memorias Curiosas.

Se calificó la huída de los amantes como “un crimen horrendo”, “un delito escandaloso”, “una monstruosa inmoralidad...” Adolfo O’Gorman, padre de Camila, patriarca federal de estrechos vínculos con Rosas y sospechado de ser espía británico, no dudó en calificar los sucesos como un “escándalo nunca antes oído en el pais”. Será él mismo quien le insista al Gobernador Rosas un castigo ejemplar para su hija, para salvar así su honor y mantenerse dentro del círculo de quienes se beneficiaban con la Santa Federación. Para Don Adolfo, resguardar el prestigio de su apellido significaba salvar las carreras de dos de sus hijos varones: Eduardo el sacerdote y Enrique , el militar guardían del Orden.

La Iglesia por su parte, no se opuso al fusilamiento. Muy por el contrario lo avaló con sus bendiciones aún sabiendo que Camila estaba embarazada y que el Código de las Indias prohibía su ejecución. ¿Por qué será que no salió a defender “la inocente vida por nacer”, en este caso deseado y tanto se preocupa hoy cuando una mujer decide abortar?

En el círculo político, el caso se transformó en una pulseada de poder: los federales necesitaban un castigo ejemplar para demostrar la vigencia de Rosas y salvar las instituciones; los unitarios, en cambio, tomaron el hecho como un ejemplo de la corrupción y la inmoralidad que reinaba bajo la “tiranía espantosa del Calígula del Plata”.

Por otra parte, el tratamiento que tuvo la historia en la prensa y en el relato de testigos, aparece Gutiérrez como el victimario raptor de la niña decente. Pero Camila, “perdida para la sociedad y para su decente y honrada familia” a llevaba los genes de su irreverente abuela Madame Perichon conocida como “La Perichona” afamada por sus amoríos extramatrimoniales, era además una inquieta y asidua lectora. Su pensamiento confrontaba el catolicismo federal de la Santa Federación rosista de la que participaba su familia. Por lo tanto, creer que fue víctima de Gutiérrez es invisibilizar a la Camila capaz de torcer el destino que como niña de la sociedad le hubiera correspondido: “el matrimonio o el convento”.

Este fusilamiento, esconde los miedos que tienen el Estado y la Iglesia como pilares del poder patriarcal al instituir el castigo ejemplar de la pena de muerte. ¡Statu Quo! ¡Que nada se mueva ni se diferencie!

El aborto clandestino es, para nosotras las mujeres, una amenaza de pena de muerte disparada al azar y con premeditación por la Iglesia, el Estado pero también la corporación médica que le ofrece sus servicios, y avalada por la negligencia propia del que sabe que algo huele a podrido y en lugar de airearlo y limpiarlo se empeña en echar perfumes creyendo infantilmente que lo que no se ve, no existe.

La pena de muerte parece convocar las fuerzas más amarillas y morbosas de un tejido social que, cuanto más deshilachado, con mayor avidez consume y acepta el show del castigo ejemplar y que a fin del siglo XX y llevado al extremo es su televización.

Pedir pena de de muerte es avalarle al patriarcado su violento atropello contra toda expresión de vitalidad. Aceptar el invasivo avance del Estado juzgando sobre el íntimo misterio citcular de la vida y la muerte es renunciar a las fuerzas de identidad, creación y rebeldía que guía la utopía en cada un@ de nosotr@s.



Nada justifica que el Estado decida sobre la vida de nadie: ni decretando una pena de muerte, ni penalizando el derecho de las mujeres a decidir sobre nuesytras vidas y nuestros úteros.

Camila nunca lo supo, pero un mes antes de su fusilamiento, en Seneca Falls, EE.UU. Las semillas feministas que sembrara Olimpe de Gouges en 1791 con su Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana (previa a su guillotinamiento “por haber olvidado las virtudes de su sexo para mezclarse con los asuntos de la República) germinarían transformadas en la Primer Convención Feminista en la Declaración de Sentimientos, impulsada por Lucrecia Montt y Elizabeth Candy Staton, donde ya se empezaba a hablar en voz alta del acceso de las mujeres a la educación, el divorcio y el derecho al voto.

Defender la vida es luchar por dignificarla.

ANTICONCEPTIVOS PARA NO ABORTAR;
ABORTO LEGAL PARA NO MORIR.
NO A LA PENA DE MUERTE.

Miriam Djeordjian – Mujeres Libres Buenos Aires – Por un mundo nuevo.
Publicado en la Revista A Desalambrar Nro. 9 Julio de 1998 . Buenos Aires, Argentina.






Pueden ver en el siguiente link la película Camila, dirigida por la gran directora de cine argentino María Luisa Bemberg https://www.youtube.com/watch?v=xYY5V-yJop0

2 comentarios:

  1. Muy interesante y digno de análisis. Gracias Miriam. Te comparto una reflexión de un médico que conocí hace muchos años y se dedicaba a los abortos. Un anciano respetable y filántropo conocido en la sociedad de mi ciudad: "En el consultorio he tenido de todo; jovencitas que pensaron en el suicidio antes que enfrentar a sus padres al escarnio social, mujeres casadas e infelices,mujeres rebasadas por la
    maternidad de otros hijos, mujeres muy mayores temerosas de tener un hijo en malas condiciones. Escuché tantos argumentos que un día dejé de escuchar, sólo creo que si alguien no se siente con fuerza para ser madre en ese momento tiene derecho a decidirlo". Eso fue hace 25 años, ya entonces las mujeres abortaba en la clandestinidad. El aborto debería ser un asunto personal y no menester del público. Si no estoy de acuerdo, no aborto y ya.

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    1. Gracias por tu comentario! El patriarcado se inicia con el control de la capacidad reproductiva de las mujeres por parte de las instituciones dirigidas por varones, y encasilla aqui al deber ser de las mujeres. Se amenza el orden todo si una mujer recupera el control sobre su cuerpo y sus decisiones.

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